
Mi duda es la siguiente. Si yo estoy conduciendo a la máxima velocidad permitida, el auto que me pasa como si el mío estuviera detenido ¿a cuánto va?
Quizás sea mejor no saberlo.
Perpleja ante los misterios de la vida cotidiana

Es genial tener hijas mujeres. Además de la obvia ventaja de que la ropa para nenas es mucho más linda, se nos permite hacernos las de vanguardia en materia de juguetes. ¡Cuán absurda y anacrónica es esa división entre "juguetes para nenas / juguetes para varones" como insisten en preguntarnos en McDonalds cada vez que pedimos una Cajita Feliz. Con mucho orgullo le he comprado a mis hijas autos a control remoto y estaciones de servicio. Y eso es muy bueno porque permite sentirse moderna y audaz. Sentimientos que, para ser sincera, dudo que tuviera comprando escobitas y juegos de té para mis hipotéticos hijos varones.
Por eso las nenas son mejores. Evitan el mal momento de tener que ocultarle al padre, que el sueño de su hijo es ser una princesa, como le pasaba a una amiga mía. Por suerte, al final se le pasó.


Ha comenzado el 2007 y por ahora, sigue sin aparecer algún método de ingeniería genética que nos garantice ser flacas para siempre. Tampoco parece que se haya puesto de moda estar gorda. Sinceramente, es una lástima.
El problema es que vacaciones + Navidad + cumpleaños propio + Año Nuevo + cumpleaños ajeno me dejaron una huella y no sólo la de evocar momentos felices. Creo que llegó el momento de tomar medidas extremas, casi heroicas.
Por supuesto que no me refiero a abandonar a mi familia, unirme a Médicos Sin Fronteras y marcharme al África. Pensándolo bien, tampoco es una idea para descartar de plano. Me imagino que en un campo de refugiados africanos, las tentaciones alimentarias son prácticamente inexistentes y el éxito de la dieta está asegurado. Aunque también habría que considerar que tomar esa decisión me traería algunos problemitas. No sé si bajar un par de kilos los compensa.
La medida extrema a la que me refiero, es la de hacer un día hiperproteico. Pocas calorías y todo proteína que gasta más en digerirse.Ya sé que funciona. Lo hago. Me levanto a la mañana y desayuno un café con leche con un yoghurt de vainilla.
A media mañana corto 50 g de queso magro. Me lo como con un café con un chorrito de leche. A esa altura ya todo ese queso, yoghurt y leche me están asqueando, pero todavía falta bastante.
Almuerzo. Un caramelo ácido. Sopa. Una lata de atún al natural con un huevo. Gelatina dietética.
Media tarde. Un chessecake. Como todos los productos dietéticos tiene un nombre tentador, un aspecto engañoso y un gusto.....bueno, es dietético, ¿qué esperaban?
Merienda. Otro café con leche acompañado por tres rollitos hechos con sendas fetas de jamón rellenas con queso blanco. (Puaj)
Cena. Otro caramelo ácido (oasis). Más sopa. Una presa chica de pollo grillado + una omelette con dos claras y 25 g de queso magro. Gelatina. FIN.
Día siguiente. Descubro que alimentos que hasta ayer me provocaban indiferencia, ocultan tesoros impensados. ¡Qué delicioso es el budín de calabaza y acelga! ¡Qué exquisita es la ensalada de lechuga y tomate! ¡Qué delicia los duraznos! Y toda esa revelación al módico precio de haber pasado sólo un día a base de leche-queso-huevo-pollo. No sólo he conseguido bajar algo. Ahora el plan de alimentación del Dieta Club me parece una maravilla.


Recorriendo un foro llamado Infertilidad en
(Hubiera querido encontrar un video con Antonio Gassalla interpretando a su personaje de la empleada pública, pero no tuve suerte. Van a tener que conformarse con la foto :-)


(Por suerte terminé encontrando la Palm y finalmente pude publicar esta entrada)

A menudo escucho nostálgicos comentarios acerca de que cada vez estamos más alejados de la naturaleza. Sin ir más lejos, hace unos días hablaba con una amiga de cómo pasamos de un aire acondicionado a otro. Ella comenzó a lamentar las barreras que imponemos entre nosotros y la naturaleza. A mí no me parece lamentable. Al contrario, me parece una estupenda idea. Lamentable me parece tener que acostarse en el piso de baldosas o pasarse la noche mojando el camisón para ver si podemos dormir aunque sea un rato. Lamentable me parece tener que viajar en un auto al rayo del sol. Es que la naturaleza está llena de bichos que pican, sol que calcina, lluvia que moja, frío que penetra y barro que ensucia. Y eso por nombrar sus mejores cosas. (No hablo de terremotos, tsunamis ni erupciones, sólo de lo cotidiano). 


¿Vieron que cuándo las heroínas de las novelas pasan por alguna desilusión, pena o catástrofe jamás expresan su tristeza quedándose a vivir en la cocina y poniéndose 5 kg encima? Según mi estadística casera, se olvidan de comer y todos se preocupan al verlas tan delgadas.


Es que no sé que pensar. En estos momentos Coca Cola light tiene un concurso en el cual se incita a comprar y mirar las tapitas para ganar varios premios. Antes de continuar debo confesar que en mi casa se toma Coca. Mucha Coca. Light mamá y papá y común las niñas, pero mucha. Innumerable cantidad de tapitas han desfilado por mis manos. Coca Cola tiene un concurso de premios en marcha prácticamente siempre. Nunca gané nada. Nunca. Y no hablo de ganarme un viaje ni una TV de plasma, sino de haber sacado un llaverito de plástico o un vale por otra botella.
Quizás lo que suceda es que la campaña publicitaria sea tan sofisticada que tiene un sensor para detectar a aquellos que no aumentaron su consumo por el concurso, haciendo que las tapitas ganadoras los eludan.
Quizás simplemente suceda como en un episodio de Los Simpsons, en el cual se promocionaba "La lotería que TODOS ganan". Debajo, con letras minúsculas decía "la posibilidad de ganar es 1 en 300 millones". ¿Cuál será la posibilidad de ganar un par de zapatillas?