lunes, agosto 28, 2006

Las madres de familia intercambian Alplax


Entre las vacaciones de una y de otra, los feriados y un congreso hacía tiempo que no la veía a Silvia. Como supongo que mis jefes no leen este blog, les puedo contar que si ya terminamos de atender en mi última hora de los lunes nos encerramos en mi consultorio y nos dedicamos al bla-bla-bla.

La actualización no fue muy auspiciosa. Ella estaba muy alterada por los vaivenes de los exámenes de ingreso de su hijo al secundario. Yo, histérica porque mi hija menor no quiere aprender a leer. Yo creía que los chicos querían aprender a leer. Que era un logro que los hacía sentir orgullosos. Que era algo "de grandes". Para ser sincera no sé que quieren "los chicos", pero Pilar está muy orgullosa de NO saber leer, no tiene facilidad para la lectoescritura, ni le interesa hacer el más mínimo esfuerzo por aprender.

(Antes de que me sugieran que quizás tenga una especie de dislexia o algo así como me dicen mis padres, me atajo diciendo que ya fue evaluada por una psicóloga, una psicopedagoga, la oftalmóloga y tiene hecha una audiometría. He dicho)

Bueno, el tema es que le confesé que hacerle escribir 3 trabalenguas en cursiva fue tan desesperante que en un momento, para no pegarle fui corriendo a tomar un Alplax. El problema fue que la caja que encontré vencía en octubre 2005. Detalles, pensé y Pilar se salvó de la paliza. El lunes, cuando llegué al consultorio, me encontré con el visitador médico del laboratorio correspondiente, quien me dió un original de Alplax (los médicos ODIAN comprar medicamentos, pero eso es tema para otro post).

Silvia no había podido dormir por los resultados de los exámenes de ingreso. La segunda noche, desesperada, buscó algo para tomar. Por supuesto, lo que encontró estaba super vencido, pero ¿saben qué? Tuvo mucha suerte, porque también tenía una caja de Rivotril que no tenía fecha de vencimiento. Suponía que debía haber sido hace bastante, pero ojos que no ven....Lo tomó.

Me ofrecí gentilmente a cederle la mitad de mi caja de Alplax. Siguió un amable interambio de "no, una tira es demasiado, saco sólo algunos". "Llevala completa, hasta que tome los que quedan se van a volver a vencer". " Gracias".

Seguramente con mucha voluntad, dedicación, tolerancia, buen humor y viento a favor el hijo de Silvia aprobará el ingreso y la mía aprenderá a leer. Sólo espero que no tengamos que recurrir mucho a la farmacopea.

8 comentarios:

Brigitte dijo...

Jaja!!! Pacienciaaaaaaa....
Para que te sientas mejor: pensá que a los mortales no médicos tenemos que primero llamar a la secretaria del médico y luchar para que te intercale un sobreturno de sobreturno, después comprar el bono, ir a la consulta previo esperar una hora a que te atiendan, obtener la famosa receta, ir a la farmacia y esperar otro tanto hasta que te atiendan previo mostrar credencial, receta y llenar el sellito al dorso con tus datos, y lugar previo pagar, tenés el medicamento: por fin!
Jaja! Ya se: éste tema es para otro post!
Besitos, Brigitte
PD: Paciencia......

Lurdena dijo...

Tranquila, cuando Pilar quiera aprender a leer, aprenderá. Eso me recuerda cuando mi hija no quería caminar, y eso que ya tenía más de un año. Sus profesoras de Sala Cuna estaban tan preocupadas que terminaron por contagiarme los temores a mí. Tranquila, me dijo el doctor, cuando la niña quiera caminar, caminará. Y caminó cuando le dio la gana.
Los niños conocen sus tiempos.

Saludotes

lauraBaires dijo...

Creo que te vendría bien ese porrito que nunca te ofreció nadie... Con meterte entre los jóvenes de la puerta de la escuela de tu hija, calzarte unos anteojos negros y no respirar muy fuerte para que no cuelguen los excesos de los años, quizás te conviden y te lleven a un estado de ommmm.

El otro día, durante la amansadora de la clase de futbol de mi pequeño, una de las madres mencionó "que lo había dejado..que se haría cargo de sus problemas solita, sin ayuda".

Por decir algo, le pregunté "dejaste de fumar?". "No, dejé el antidepresivo", respondió mustia. Y allí todas dispararon sus propias historia de amoríos con la pastillita salvadora. Los motivos eran de lo más variados, descabellados y no tanto.... Hubo quien dijo que el antidepresivo le ayudaba a lidiar con su sensibilidad, pero no pudo explayarse más. Enseguida abrió la cartera y sacó algo, que se metió en la boca. Sería para no llorar con la historia?

Besitos risueños... y sin porro!!

Alicia R. dijo...

Brigitte, también usar el truco de pedirle media caja de una muestra gratis a un amigo médico, como hizo Silvia que es colega del gremio de la sanidad pero no puede hacerse sus recetas :-)

Lurdena, que así sea. Si no voy a tener que ir a la cueva de la Sagrada Imagen ;-)

Laura, tendría que pensarlo... Hablando más en serio, el tema de los ansiolíticos lo es. Son uno de los medicamentos más vendidos en la Argentina y en algunos casos son una droga legal. Más femenina,¿viste?. El caso de los antidepresivos es (o debería ser) otra historia. Se supone que se recetan con un diagnóstico de depresión por un tiempo determinado, aunque puede ser largo y que mejoran un desorden bioquímico. El tema es demasiado largo como para extenderme acá. Como te dije, voy a pensar en tu sugerencia. (Alicia, la mujer que no tuvo adolescencia)

Ana dijo...

yo sigo con mi lexotan ;)

Manuel dijo...

Deberíamos entender que cuando éramos chicos no había tanta información audiovisual a nuestro alcance. Un mundo de fantasía era posible gracias a los libros y al circo (por citar algo). ¿Cómo puede fascinar el circo a un niño de 10 años que ha visto Harry Potter??

La hormiguita dijo...

Es que últimamente hay una epidemia de pereza. Supongo que, como todo, también pasará...
Saludos

Alicia R. dijo...

Manuel, pero es que justamente tiene que aprender a leer para poder seguir las instrucciones de los juegos online.

La hormiguita, por suerte está pasando. Ahora aflojó el ataque de terquedad y lee, pero sigue diciendo que ella no sabe leer, que lo que hace es "adivina con algunas pistas" :-)