sábado, julio 15, 2006

Diario de una mujer a dieta


Hace ya algunos años que descubrí que si uno come más de lo que necesita engorda. Gracias, todavía estoy esperando el Nobel por mi contribución a la ciencia, pero ese premio debe estar arreglado porque no se lo dieron a Borges y a mí tampoco.

Millones de años de evolución dieron por resultado seres humanos que despliegan una actividad física intensa para conseguir su comida, que puede ser escasa o faltar durante períodos. Quizás en los próximos millones de años la evolución nos regale un ser humando mejor adaptado a las condiciones actuales. O sea, alguien capaz de mantenerse sano, atlético y en su peso ideal con la única actividad de mover el mouse (y caminar al baño y a la cocina), mientras come chocolate (versión gorda dulcera) o una picada (versión gorda saladera). De todos modos ya no me va a tocar a mí…

La solución es hacer una dieta, perdón un plan de alimentación como te enseñan en el (paradójicamente) Dieta Club. Leído, parece que en el plan hay un montón de comida. La primera vez que lo ví pensé que es un demasiado. Hay gente dice ¡pero esto es más de lo que yo como! Sin embargo, cuando lo empiecé a hacer descubrí que no es un montón. No sólo no es mucho, sino que es poco, casi poquitísmo. Por lo menos, poco en relación con lo que venía comiendo.

Con el tiempo uno me dí cuenta de lo poco que se necesita para adelgazar y mantenerse. Por lo menos poco chocolate, pocas facturas, pocas picaditas, poca pizza, pocas empanadas y siguen los etcéteras. Se puede comer mucha verdura, mucha sopa, mucha Coca Light, mucha gelatina diet, muchas infusiones y bastante leche descremada, bastante queso blanco, bastante pescado, bastante fruta y bastante carne magra.

Durante un tiempo variable todo transcurre en armonía. Voy al grupo del Dieta Club todas las semanas, hago una versión más o menos reconocible del plan de alimentación y no desplegaré la actividad física de un cazador paleolítico, pero salgo a caminar (o hasta voy al gimnasio) 2 ó 3 veces por semana.

Hasta que llega la etapa de los “porqués”. Que nunca son del tipo de ¿por qué no como más acelga?, sino en la onda de ¿por qué no comer una rodaja más de pan?, si no es nada…¿Por qué no probar generosamente las papas fritas que estoy haciendo? Si no, no sé cómo están saliendo. ¿Por qué no cortar una rodaja finita de torta? Seguro que no se nota, ¿Por qué no cortar otra?

Al final el plan termina siendo sólo el soporte de un montón de adornos que le fui agregando. El problema es que se empieza a reflejar en la balanza. Mejor dicho, en mi cuerpo, pero siempre es más fácil echarle la culpa a la balanza :-)

En ese momento, comienzo a suponer que estoy comiendo algunas cositas de más, pero ¿será para tanto como para subir? Impulsada por el grupo y la coordinadora empiezo a anotar lo que como. ¡Qué momento deprimente! El sufrimiento es doble. Por un lado, digo no a más cosas que antes hubiera comido “distraídamente”, porque no quiero que mi registro sea un catálogo del Café Martínez. Por el otro, aún con restricciones veo cuantas “pequeñas diferencias” hay entre el plan que supuestamente estoy siguiendo y la abultada realidad. Hay otro tipo de preguntas ¿lo como y no lo escribo?

En busca de inspiración leo las enseñanzas de Buda: Él nos pide que establezcamos una diferencia entre lo que necesitamos y lo que queremos y nos esforcemos por nuestras necesidades y modifiquemos nuestros deseos. Él nos dice que nuestras necesidades pueden ser cubiertas pero lo que deseamos no tiene fin —un pozo sin fondo. Hay necesidades que son esenciales, fundamentales, y que deben ser satisfechas, y son éstas por las cuáles deberíamos trabajar. Los deseos más allá de eso deberían ser gradualmente reducidos.

Me siento impresionada. No sólo me parece válido para la vida, sino especialmente pertinente para el tema de la comida. ¡Si sólo comiera lo que necesito!¡Si sólo agregara un par de extras por semana!

Pero ¿qué sabe Buda de esto? Si él es un gordo...

5 comentarios:

liter-a-tres 3 dijo...

Somos lo que comemos, ¿no es cierto?
Si en adelante, el ser humano permite que coexistan obesidad y hambruna, muy probablemente, dejará de existir como especie.
Entonces serán los peces o las aves quienes mantengan la vida en la tierra y... qué pena no verlo, casi el paraíso!
Un saludo español pero no neutro.
Hasta pronto!

vane dijo...

me encanto!!!!!!!! comparto 100%%%%

Ana dijo...

Me gustó pila!! Me pasa lo mismo, es un ciclo sin fin, o que al menos llevo muchos años tratando de cortar!

lauraBaires dijo...

No solo es un gordo, sino que encima cree en la reencarnacion.. Es decir, en volver para seguir comiendo... como pensaria yo, y no por necesidad!!!

Muy bueno.

Alicia R. dijo...

Me interesa eso de la reencarnación. Ponele que te dicen que te quedan 3 meses de vida y aprovechás para comerte todo (suponiendo que, en el colmo de la mala suerte, tu enfermedad no te impida comer). Al reencarnar ¿arrastrás los kilos de más de tu vida anterior? ¿Habrá algún monje budista que me pueda explicar el asunto con más detalle?