
Webeando por ahí me encontré con este post sobre los derechos de los hijos. De mi parte voy a hacer mi humilde aporte sobre los derechos de los padres:
Le pregunté al Rebe: 'tú que pareces saberlo todo, dime qué puedo pretender en esta vida, qué es lo que se me debe, cuáles son mis derechos esenciales' Imaginé lo que el Rebe me contestaría:
-Antes que nada, deberías tener el derecho a ser engendrado por un padre y una madre que se amen, durante un acto sexual coronado por un mutuo orgasmo, para que tu alma y tu carne obtengan como raíz el placer. (Mamá y papá deberían tener el derecho de repetir aquel acto místico de vez en cuando, sin que nadie les golpee la puerta diciendo "Mi hermana no me deja usar la compu").
Deberías tener el derecho a no ser un accidente ni una carga, sino un individuo esperado y deseado con toda la fuerza del amor, como un fruto que ha de otorgar sentido a la pareja, convirtiéndola en familia. (¿Y si alguno de los dos pasa por algún momentito de duda o de añoranza de cuando eran sólo una pareja te vas derecho al infierno? Pregunto, porque como dicen las abuelas "los chicos son lindos pero dan trabajo") (...).
Deberías tener el derecho a ser tomado en cuenta desde el primer mes de tu gestación. (Una duda. ¿En cuenta en qué sentido? Porque entre las náuseas y el sueño del primer trimestre seguro que son tenidos en cuenta. ¿O será que la naturaleza es tan debilucha que no puede hacer su trabajo sin que la estemos controlando? ¿Si te enterás de que estás embarazada al 2º mes no vale? ¿Y si te tenés que ocupar de otro hijo, el trabajo, tu casa, tu pareja…?) (...).
Deberías tener el derecho a una profunda colaboración: la madre debe querer parir tanto como el niño o la niña quieren nacer. El esfuerzo será mutuo y bien equilibrado (Te juro que las madres siempre quieren parir. Durante el final del embarazo la perspectiva de dormir boca abajo, caminar sin bambolearte y poder atarte los cordones de las zapatillas suena a Paraíso Terrenal. Durante el parto, ¡ni te cuento!)
Desde el momento en que este universo te produce es tu derecho tener un padre protector que esté, durante tu crecimiento, siempre presente. (¿Vulneramos gravemente sus derechos si papi va a trabajar, mira la tele, habla con sus amigos, lee el diario? Me preocupa esta parte)
Así como a una planta sedienta se le da agua, cuando te interesas por alguna actividad tienes derecho a que te ofrezcan el mayor número de posibilidades para que, en el sendero que elegiste, te desarrolles. (Sí, maravilloso, pero ¿por qué a mis hijas se les ocurren las actividades más caras y a trasmano? Patinaje sobre hielo en Buenos Aires, equitación, japonés...)
No has venido a realizar el plan personal de los adultos que te imponen metas que no son las tuyas, la principal felicidad que te otorga la vida es permitirte llegar a ti mismo. (¡Es por eso que jamás lavan un plato! Había un sentido cósmico.)
Deberías tener el derecho a poseer un espacio donde poder aislarte para construir tu mundo imaginario, (cualquier espacio ocupado por un adolescente) a ver lo que quieras sin que tus ojos sean limitados por morales caducas (tu vestuario completo está tirado en el piso, pero según tus ideas la habitación está perfectamente ordenada) a oír aquello que desees aunque sean ideas contrarias a las de tu familia (la escuela es demasiado exigente. Mejor dejarla) (...)
No has venido a realizar a nadie sino a ti mismo, no has venido a ocupar el sitio de ningún muerto, mereces tener un nombre que no sea el de un familiar desaparecido antes de tu nacimiento: cuando llevas el nombre de un difunto es porque te han injertado un destino que no es el tuyo, usurpándote la esencia. (Por supuesto, lo ideal es que te pongan el nombre de protagonista de la telenovela de moda) (...).
Deberías tener el derecho a ser excluido de toda pelea entre tus familiares, a no ser tomado como testigo en las discusiones, (excepto las que los propios hijos desencadenan) (...).
Deberías tener el derecho a ser educado por un padre y una madre que se rigen por ideas comunes, habiendo ellos en la intimidad aplanado sus contradicciones. (La verdad es que mis hijas odian que les digamos lo mismo. Se pierden la posibilidad de sacar ventaja dirigiéndose al progenitor más permeable según las circunstancias como yo hacía) (...).
Deberías tener el derecho a que no se te arranque del sitio donde tienes tus amigos, tu escuela, tus profesores predilectos. (¿Y si nos mudamos a Córdoba? ¿Hay transportes escolares que te lleven 800 km de ida y 800 de vuelta?) (...)
(extracto del libro: La danza de la realidad)
¿Realidad? ¿Qué realidad?
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Postdata y explicación: cuando leí el post sobre las supuestas exigencias mínimas para ejercer la paternidad me tenté a contestar como lo hice. Sin embargo a partir de un episodio que sucedió ese mismo día quiero aclarar que mis contestaciones se refieren a la paternidad más o menos habitual.
Sucedió que mi hija menor empezó en una escuela nueva. Se hizo amiga de una compañerita a la cual quiso invitar a jugar a casa. Pero me dijo que la nena no podía venir por algo que no le quería contar y que era un secreto. Pensando que era alguna tontería de chicos, llamé a la madre para invitarla y aclarar la situación.
- Hola, ¿cómo estás? Te habla la mamá de Pilar, la compañera nueva de tu hija. Quería saber si quiere venir a jugar algún día a casa.
- No, mirá. Nosotros no dejamos que B. vaya a la casa de nadie ni que reciba a nadie durante el año escolar.
- !¿?!
- Preferimos que se quede en casa estudiando. La hacemos repasar y no queremos que pierda el tiempo – (¿en 2º grado?)
- Claro, claro, te entiendo. (lo que entiendo es que está loca, pero decírselo excede el marco de la conversación). Bueno, todo bien entonces. Te mando un beso. Chau.
Bueno, de esos padres no hablo. Hablo de padres más o menos normalitos.